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 Tengo fe en la ciencia. Creo en ella. No me obliga ni me prohíbe. Me da esperanza, y no me promete estúpidos cielos ni paraísos. Es mi religión.


Y ayer nos llegó una bienaventuranza desde esa religión: La posibilidad de usar el hidrógeno como fuente de energía. Conocíamos ese "target" pero no conocíamos bien el mapa y el camino para llegar. Seguramente yo no lo veré, pero lo verán nuestros hijos y este avance, seguramente podrá posibilitar la recuperación del planeta enfermo y sucio que ahora les estamos dejando.

Y al margen, quiero decir que también hará bajar la cabeza a mucho despotismo que hay en el mundo. Déspotas que tendrán que meterse su petróleo y su gas donde les quepa o que, por lo menos, no les permitirá chantajear al resto de la comunidad de naciones, como vienen haciendo.

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