Voces interiores



Hoy, rescato parte de una conversación que mantuve con An'ya, el día que los presenté en el blog. Son tres egos paralelos de una voz interior a la que empecé llamando "El Otro" hasta que me di cuenta de que se manifestaba de tres formas distintas. Entonces le di dos nombres más: An'ya (अन्य - El Otro en nepalí) y Oka-no (término japonés confuso; algo así como una madre simbólica)

Y traigo esta "auto conversación" para dedicarla a un amigo que ha empezado a tratarse, para superar (y no me cave la menor duda de que será así) un maldito cáncer. 
Habla An'ya, destacadamente espiritual, pero que se aleja de cualquier religión:


—A los seres humanos no os gustan afirmaciones como la que dice que la enfermedad es equiparable a las experiencias emocionales como el amor de pareja, la perdida de un ser querido o la misma paternidad/maternidad. Y sin embargo son equiparables. Evidentemente equiparable no significa iguales y las experiencias mencionadas tienen tonos totalmente diferentes. Sin embargo cuando se experimentan pasan a formar parte de tu activo vital. Es lo que la experiencia, también conocida como vivencia,  te ofrece para sentir la vida con más intensidad. La enfermedad es una de las mejores posibilidades para amarte, para comprenderte; en definitiva para crecer en valores humanos. Algunos enfermos tienen una relación amorosa muy incrementada con su cuerpo durante el proceso. Esto, además de amplificar sus capacidades para sanar, también consigue que entienden mejor lo que es vivir, lo que es la vida. En este sentido y aunque ni por asomo sea igual de agradable, aporta valores similares a la experiencia del amor, de la paternidad, de la camaradería entre los amigos. 

Vaya! no me digas An'ya que eres de los que creen en que el dolor redime...

—Por favor... para eso tendría que creer primero en el concepto de pecado o culpa y sobre tendría que aceptar ese estúpido tema judaico-cristiano de la culpa original. Ni he dicho, ni he insinuado nada que se parezca, pero si quieres te hablo del dolor y el sufrimiento. 

Bueno. Ya me asustas, pero dime lo que tengas que decir. Sabes como nadie cuando te presto atención y cuando no. 

—No hay enfermedad sin dolor. En mayor o menor medida y a pesar de los avances médicos. Es algo que creo que ya sabes a nivel personal. Pero ahora no quiero referirme a un individuo enfermo, sino a otra clase de enfermo. Lo que quiero decirte es que la sociedad -las sociedades- están enfermas. A la comunidad humana le ocurre algo parecido a lo que le ocurre a un ser humano que se sobrealimenta. Ese individuo es más que probable que desemboque en enfermedades endocrinas y cardiovasculares. Y entra en un circulo vicioso del cual realmente es difícil salir. A la humanidad le ocurre algo semejante; no hablo de la comida que precisamente escasea en ciertos lugares, no. Hablo de lo que alimenta y ofrece la energía necesaria para el mantenimiento de la sociedad como un cuerpo. Un cuerpo sano. Hablo de la energía que ofrece el orden, la jerarquía de valores, la solidaridad. Cosas como estas son el auténtico alimento que nutre las células de la sociedad. Lamentablemente, al igual que un individuo, la sociedad se alimenta de comida basura: libertinaje y su consecuente desorden, la mofa de los valores éticos, la amoralidad, el individualismo egoísta. Ahí tienes el gran supermercado de las noticias falsas, bulos que también llaman fake news: las Redes Sociales. Auténticos McDonald's repletos de comida basura para la sociedad. Ahí están también, los medios deshonestos, los políticos corruptos, los señores feudales modernos que resultan ser las grandes corporaciones...etc. Todos ellos componen un menú de comida basura que no consigue otra cosa que engordar y estropear las células sociales. 
La sociedad está enferma y empezará a sufrir. El dolor es una cosa, dicen que inevitable. El sufrimiento otra, dicen que optativo. Pero yo te avanzo que no va a haber opción que valga. La humanidad sufrirá el dolor. Inevitablemente.
La enfermedad ya se está manifestando. Lo puedo ver en la incapacidad para afrontar la crisis climática, lo puedo ver en el aumento del fascismo, lo puedo ver en el aumento de los flujos migratorios, lo puedo ver en la incapacidad para solucionar las hambrunas, lo puedo ver el el aumento de los negacionismos de toda índole. Y son solo pequeños síntomas que incomodan y que poco a poco conforman el escenario perfecto para la obra final. Dentro de muy poco serán dolor. Dolor inevitable. Del que hace sufrir. 

A mi buen amigo, enfermo hoy, le digo que hable con su An'ya interior. Evidentemente también lo tiene, como lo tenemos todos. Sean cuales sean sus creencias; las tenga o no las tenga, An'ya está ahí. Conversaciones interiores que llevarán a la aceptación de la enfermedad, a la predisposición clara hacia el persistente combate por la salud. Conversaciones que son pasos hacia la victoria. 

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