Morir despacio

Le preguntaron que diantres quería decir con eso de "morir despacio". 

Había soltado una de sus frases que con apariencia de estupidez, suelen ser simplemente el titular malo de un pensamiento profundo y quizás no tan malo. Él es así: Atemporal. Un clásico envuelto en artilugios weareables, septuagenario 2.0 y con una batería recargable (banco de energía) en su bolso. Contradictorio donde los hay, escribe sus notas con estilográfica; porque es más lento, dice. En ocasiones toma notas de voz con su dispositivo móvil, pero es algo que ocurre muy pocas veces. 

—Lo mío es lo lento y por eso abandoné la ciudad y me vine al pueblo. No creo que este traslado motive que viva más, pero viviré más despacio, lo cual es la mejor forma de prolongar la existencia. Al reloj, que lo den pol culo. No hay modo de que vaya más despacio, así que a la mierda con él. Ahora es un artilugio en mi muñeca que me dice cuantos pasos he caminado en el día, la frecuencia cardíaca, la calidad del sueño, y algunos datos más que relegan el de la hora a unos numeritos pequeños en la pantalla.—

Las personas normales hacen las compras una o dos veces a la semana. Él no; él va al super cada día y en ocasiones dos veces al día. A pie, por supuesto. Aprovecha las bolsas de plástico y su récord de reutilización está en 17 veces, una bolsa que abandonó cuando se le rasgó y estuvo a punto de romper una botella de tinto del Ampurdán, justo delante del Ayuntamiento. ¿Qué cómo sabe que fueron 17 utilizaciones? - Pues porque al doblar la bolsa para salir de casa, le pinta un puntito con un rotulador negro.

—Tuve varios motivos para venirme al pueblo, pero prefiero no hablar de ellos, porque alguno salió mal y me pone triste. Me quedo con este: Vine porque aquí podré morir despacio.

Se escucho alguna carcajada, pero no se inmutó y siguió su explicación:

—Para morir despacio, primero hay que saber vivir despacio. Eso significa no sujetarse a horarios que dependan de los demás que no quieren o no pueden vivir despacio. Yo, a lo mio. Me levanto cuando quiero, lo cual no significa que sea a las 10 de la mañana; lo hago entre las seis y la seis y media. Ocupo una hora entera en prepararme el desayuno. No es que sea copioso y elaborado, es que lo preparo como si estuviera practicando Tai-Chi. Luego otra hora en el segundo café, esta vez en el bar y con los amigos. Luego el primer paseo del día que suele acabar con la primera vista al super. Aquí hay una indudable ventaja con la ciudad: no necesito ir a un lugar despejado para respirar aire puro. Hay un camino que circunvala el pueblo sin pisarlo pero a 70 metros de las casas, por donde es difícil topar con algún coche. El paseo finaliza en nuestro patio de bonsais. Siempre hay algo que hacerles. Luego de vuelta a la casa arreglos domésticos y como si de una operación quirúrgica se tratara, cocino. Aunque esto no es cada dia. Pero no voy a seguir cansando con mi rutina. Es suficiente para una inteligencia media, para entender de que va eso de vivir despacio—

Vale, todo me parece muy bien, pero morir, es otra cosa y más aún morir despacio. Oye no es por nada, pero yo preferiría morir deprisa. Cuanto más rápido mejor.

—Eso es porque concibes la muerte como un capítulo a parte en el índice de tu vida. Yo no. No le doy un espacio aparte, porque no lo tiene. De hecho, tanto tú como yo, ya nos estamos muriendo. ¿Tienes prisa? - Yo no. La muerte es un proceso, no un instante. No tiene capítulo a parte, es un suceso inmerso en el capitulo más interesante de la novela: el último. Ese capítulo tiene que ser necesariamente rico y lleno de meditación, balance y reconciliaciones. Y eso requiere tiempo y pocas prisas. Es preciso empeñarse en saborear este tiempo de finales y conseguir una sonrisa en el  centro de la mente. En definitiva, morir despacio es vivir despacio.
Ya se que no mandamos en esto; que todo sucederá acorde a lo que la biología demande o lo que las circunstancias determinen, pero mira, pienso que no está mal, pretender morir despacio; es decir con tiempo suficiente, con consciencia suficiente, con paz suficiente. Pretenderlo es poner un ladrillo en la construcción de su posibilidad.


Imagen: Ricard Pardo. Parajes alrededor de L'Estany de Sils. Montseny al fondo.

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