Eclipses

 



En ocasiones es el Sol interior el que se eclipsa. Si la Luna llena simboliza nuestras emociones más románticas la nueva suele representar aquellas otras emociones oscuras que habitan en la parte menos luminosa de nuestro inconsciente. Los eclipses suelen darse con la luna en fase nueva. Cuando esa Luna se interpone entre nuestro punto de vista y el disco solar, acaece un eclipse.

Del mismo modo, cuando las negatividades que habitan en el lado oculto de nuestra personalidad no nos dejan ver la parte radiante de nosotros mismos, entonces el eclipse es interior y  nos oscurece y apaga. 
En los eclipses astronómicos el consejo principal suele ser que hay que proteger los ojos al observarlo. De  modo semejante, en el eclipse interior hay que proteger los ojos del alma. Y aunque en este caso no hay un brillo que los pueda cegar; si que hay una oscuridad que nos ciega de otro modo y que no nos permite ver con objetividad.

Hubo un tiempo en que los eclipses astronómicos eran a la vez angustiosos y hermosos. El conocimiento y el saber su naturaleza, consigue que ya solo sean hermosos.
Poco a poco la psicología, también conseguirá que por lo menos, si no hermoso, el eclipse interior, sea menos angustioso.

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