Cansado

 
Nos gusta reflejar nuestro destino en la imagen de una hermosa salida de Sol, pero llega un momento en la vida en que su simbología más acertada es la puesta de ese Sol.


Me cuesta reconocer el mundo y la sociedad que encontré cuando empecé a razonar, al crecer y en los tiempos en que me fui desarrollando como individuo. No era una sociedad ideal ni mucho menos, pero  la de ahora me ofrece la sensación de vivir en un escenario lleno de parches, de tablones mal clavados, paredes desconchadas y sucias y con actores a los que no entiendo. 
Tengo la impresión de que este Teatro de la Vida es una obra en la que hace un tiempo, mataron al apuntador, quemaron el guion y ahora, solo se trata de interpretar en la parte más frontal de ese escenario. Gritar todo lo que se pueda y si alguien se acerca, tratar de ponerlo en ridículo; empujarlo al suelo directamente. Parece que se trata de estacar como sea ante una platea de idiotas que aplauden sin ton ni son. No hay más propósito.

Creo que vivo en un mundo que se lame el ombligo. Un mundo donde los individuos coleccionan mentiras y las colocan en una cajita forrada de indiferencia. Paso de todo. Me importa una mierda. Que los den por el culo. Expresiones que suenan como mantras o salmodias por doquier.
—Qué se joda! —le dijo un médico a su enfermero en mi presencia. No tengo muy seguro a quién se dirigía esa amabilidad, pero lo sospecho. 

Un mundo que se lame el ombligo porque a pesar de que todo  casi todo, está perjudicado estropeado y podrido, la voz* habla jactanciosamente de progresos y  de la sociedad del bienestar; nada más representativo del quiero y no puedo. 
Vivimos en un inmenso "fake" aceptado por mentes turbias y cada vez más adormecidas por lo de siempre: la manipulación de una televisión que responde a los intereses políticos de turno y una Internet sin control ni responsabilidad de contenidos.
Incapaces de reaccionar, más allá de la correspondiente defecación en la madre de fulano... afrontamos futuras dificultades ineludibles, con ese mismo espíritu de indiferencia, desconfiando los unos de los otros, sin auténticos líderes, (en ocasiones escogiendo al peor) y movidos por aquello de "lo han dicho en Twitter o lo he visto en Facebook" 

Yo, ya me estoy yendo, pero mucho me temo que aquellos que queden deberán afrontar batallas de las que no quieren ni oír hablar: Calentamiento global, crisis del agua, flujos migratorios descontrolados y todo ello si no pasamos antes por un conflicto en el primer mundo con consecuencias de magnitudes difíciles de prever. 

Pero quizás, ojalá, solo sea que estoy cansado. —Te haces mayor— dirán algunos. Ojalá tengan razón. y se trate solo de los típicos pucheritos de viejo llorón. 


* Supuesta opinión pública.
 -  La fotografía es de mi autoría.

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