En el BIR num. 1

 


Batallón de Instrucción de Reclutas, Playa Aaiún. 1970

Recuerdo aquel territorio y en las imágenes mentales me parecen como de otro planeta.
Recuerdo la llegada en avión militar, aún con el dolor de las vacunas pertinentes y después de unas horas de vuelo (no eran muy rápidos aquellos trastos) sentado sin poder apoyar la espalda en un banco fijado al suelo a lo largo del avión; uno en cada lado. Recuerdo aquellos 24 km. desde el aeropuerto hasta el campamento militar, en la caja de un camión cubierto con lona y recuerdo muy especialmente el primer contacto visual con la eterna llanura, las primeras dunas y el camello. Todo ello gracias a apartar mínimamente las lonas y observar el exterior.
Un servicio militar en un campamento de reclutas; batallón de instrucción de reclutas para ser más preciso. El BIR num.1 en Playa de Aaiún en el entonces Sáhara Occidental Español. 
El destino quiso que mi servicio transcurriera entero en ese lugar ya que tras la jura de bandera, seguí destinado como conductor en la Sección de Automóviles del BIR. Era una gran suerte, poder disfrutar de un clima menos extremo al estar situado a escasos doscientos metros de las playas atlánticas que conforman la "joroba occidental" del continente africano. Nos separaban, en línea recta, 225 km. de Maspalomas en la isla de Las Palmas y como he dicho,  24 km. de la ciudad más próxima El Aaiún.
Otros lo pasaban menos bien. Destinos como Smara en el interior del desierto, con temperaturas que llegaban fácilmente a los 50ºC no eran tan soportables.

Aquel ambiente de cuartel, podía significar para algunos una aventura, casi divertida; para otros, más depresivos, resultaba lo más parecido a un campo de concentración. Sin posibilidades de permisos y escasas salidas hasta la ciudad, nuestras escapatorias eran "la cantina" y visitar los bazares (con precios parecidos a los de Canarias) de un incipiente pueblecito que se estaba formando alrededor de las instalaciones portuarias a 3 km. del campamento: Playa de Aaiún. Allí compré mi primera cámara fotográfica (las anteriores siempre habían sido regalos): Una Minolta Hi Matic 7S que aún conservo.

La mili transcurría esperando la llegada, no antes de diez meses, del permiso largo (solo uno) de treinta días que te permitía desplazarte hasta la Península y ver a la familia, novia y amigos. Mientras tanto vida rutinaria para la tropa, especialmente en los periodos que transcurrían entre la finalización de un periodo de instrucción y la llegada de nuevos reclutas. En la sección de vehículos había mas dinamismo y eso ayudaba a que el tiempo pasara un poco más rápidamente. Yo tenía dos cometidos bien distintos. Por un lado estaba en las oficinas y por el otro, tenía que hacer tres servicio concretos de conducción: Una furgoneta desde víveres a las cocinas lo que me permitía "chorizar" algún que otro alimento (recuerdo las bolas de carne congelada argentinas). Un servicio que consistía en ir a llenar una cuba de gasoil a Playa de Aaiún y lógicamente descargarla en el campamento y luego un tercer servicio consistente en otra cuba, pero esta vez de agua dulce destinada a la higiene de la Residencia de Oficiales, aunque nosotros nos quedábamos con el "culo de la cuba" y gracias a eso,los compañeros del garaje nos podíamos duchar con agua dulce de vez en cuando.  Que sepan los amigos lectores que en ese campamento y durante 14 meses, la higiene e inclusive el lavado de la ropa, se hacía con agua de mar. 

Pero, y esto es el motivo de la entrada, esos servicios me permitieron conocer a gente increíble. Esas gentes y su hospitalidad eran, a parte del lógico compañerismo entre los reclutas, y las cartas a la novia y familia, los pocos bálsamos contra la sensación de "encarcelamiento" que vivíamos.
Recuerdo muy especialmente a la familia que suministraba el agua. Estaban en un lugar de su propiedad cerca de Edchera y tenían agua de pozo y una huerta donde cultivaban. Ya se dice: "tener un pozo en el desierto". No recuerdo como se llamaba, porque allí, todos éramos "paisa" (paisano). Paisa tenía 3 mujeres y 13 hijos. No era supersticioso, pero decía que tenía que poner remedio cuanto antes a ese número. En fin...
Hospitalarios a más no poder. Su obsesión era que sus hijos estudiaran en universidades españolas. Era imposible ir a por el agua y no acabar con algún regalo además de una merienda y té. Recuerdo verle a él y un buen número de sus hijos, dejarlo todo y ponerse a sus oraciones a medio llenar la cuba. Íbamos tres en el camión cuba, pero no nos dejaba hacer nada. Ellos lo hacían todo.

Hassan, era aún más pintoresco. Era el que nos llenaba la cuba de gasoil, en Playa Aaiún. Aquel pajarraco nos invitaba a té con coñac o alguna cerveza con la desaprobación de su mujer que era tan gorda como mandona y siempre estaba insinuando que tenía tres hijas (por cierto, preciosas) en "edad de merecer". Te meabas de la risa con él, pero las conversaciones eran muy interesantes. Era un musulmán poco ortodoxo y muy sabio. Él se preocupaba de llamar al Cuerpo de Guardia y avisar que llegaríamos más tarde con la falsa excusa de que la bomba de carga no funcionaba bien. El muy cabrón decía que la Alhambra era su chalet de verano (Jajajaja...!) 

Esas son las gentes que dejamos con el culo al aire, de golpe y que queréis que os diga... me da rabia y vergüenza.


Sorprende ver, medio siglo después, los restos del campamento, gracias a Google Earth. Estuve ahí en el 70 y 71 y en el 75, tras la Marcha Verde, nos largamos tan rápido que dejamos las instalaciones intactas, inclusive algunos vehículos, muebles, estructuras. Sé de buena fuente que en la Cantina, se quedaron incluso neveras y cocinas. Después de la "vergonzosa retirada" el BIR fue sujeto de expolio y pillaje. 




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