Uno de noviembre





Hoy ha sido sin duda un día especial. Creyente o no creyente, partidario o no partidario del escabroso negocio de las funerarias, a favor de un entierro tradicional o de un simple y discreto recogimiento de los restos que hasta ese momento final, han sido el contenedor de nuestra consciencia, ha sido un día especial.
Me encierro por unos minutos, volviendo la mirada hacia mi interior. Para dialogar con mis emociones y para acariciar mis sentimientos. Dejo que fluyan los recuerdos e intento que resuene en mi mente la voz de aquellos que me dieron la vida y ya no están; que se formen en la pantalla de mi memoria, imágenes de tiempos pasados en su compañía. Y al poco tiempo, invito al momento de introspección a los amigos que también se fueron, les agradezco que hicieran por años, más soportable el camino de la vida. 
Constatar el privilegio de la vida. Confiar en ella. Amarla entera; a la vida viva. A lo que vive.

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