Palmira

No es un mundo entero de complicidades; no. Es toda una galaxia. Un universo que rodea y se contiene ese espacio íntimo y relativamente pequeño que conforma el estudio del artista. De dimensiones tan cósmicas y al mismo tiempo, estrecho, apretado, cálido y envolvente. 
Se pueden imaginar mil historias alrededor de la vivencia de la fotografía (o pintura) del desnudo. Y seguramente las hay. Diferentes y variadas como la misma heterogeneidad que conforma los seres humanos. Y yo solo puedo hablar de mis vivencias a la hora de afrontar el desnudo en mis fotografías. 
Tengo la inmensa suerte de poder decir que nunca se me solicitó ninguna imagen que se acercara a lo que se entiende por "explícito" y yo mismo, cuando me movía fuera del área comercial y simplemente intentaba crear, no era amigo de nada que rallara la sexualidad descarada. 
Las modelos, en mi fotografía, no mostraban su cuerpo como si fuera una mesa de dulces con los que deleitarse. Simplemente se mostraban como se muestran los verdes campos de un paisaje después de un amanecer o como se muestran los campos de trigo antes de la siega en la calidez de una tarde veraniega. 
Mis vivencias en este campo de lo creativo hablarían en primer lugar de un profundo respeto hacia aquella persona y de una necesaria aproximación sin la cual ni el uno ni la otra se sentirían lo suficientemente relajados y participativos. No se decir a qué distancia del enamoramiento estaban aquellas relaciones que si bien eran temporales, no necesariamente eran cortas; por regla general bastante más allá de una sesión de pocas horas. Pero puedo decir que un hilo de afecto muy especial siempre acababa enlazando modelo y fotógrafo. 

La foto que acompaña esta entrada se titula "la italiana" Su fecha es 1987. No respondía a ningún encargo profesional, sino que fue fruto de un encuentro bastante casual. Es una serie de fotografías que a ella le resultarían gratuitas y a mi también, al no tener que pagar una modelo para estudiar iluminaciones y otras técnicas. Ese era el pacto. Fueron dos días y una noche, en plenas vacaciones, saliendo para comer y cenar. El resto... el estudio. La luz, el suelo enmoquetado, los cojines, vaciar la nevera de bebidas, mucha conversación, ventiladores y muchos carretes...
Una semana después vino a buscar los resultados. Abrazos, besos, emoción y despedida. Un año después recibí una carta en la que me explicaba que "las fotos en las que no estoy desnuda, sirvieron para acceder a un trabajo. Siempre me acordaré de ti". 
Ignoro que trabajo consiguió. Nunca más la he vuelto a ver ni he sabido de ella. De hecho, de ella, solo sabía que vivía en Verona y que se hacía llamar "Palmi" (Palmira)

Publicado en mi blog (descontinuado) en Wordpress el 23 de junio, 21



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